La desigualdad en las oportunidades AMÉRICA LATINA
- marcospuenteguzman
- 7 oct 2020
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La región más desigual del mundo. En américa Latina, el 20% más pobre de la población recibe únicamente el 3,3% del ingreso nacional, mientras que el 20% más rico recibe el 57,9%.
Hay un exceso de pobreza en AL generado por la desigualdad. Cuando se desacelera la tasa de crecimiento o cuando hay recesión, aumenta la pobreza y la desigualdad, no solo porque disminuye el producto o su tasa de crecimiento, sino porque no se protege el capital humano por la predominancia del asistencialismo.

Se apostó al mercado, a la apertura, a la privatización, a la minimización del Estado, a la macroeconomía (abandonando la política sectorial, los programas de desarrollo rural para enfrentar el desequilibrio rural-urbano) y se marginaron elementos fundamentales del desarrollo.
No solo las tasas de desempleo han aumentado y se han mantenido en niveles elevados, sino que cada 100 empleos nuevos generados en décadas anteriores 69 se generaron en el sector informal, lo que ha estancado la productividad laboral promedio. Han aumentado las disparidades de ingresos entre los ocupados con distintos niveles de calificación, en favor de los más calificados y ubicados en sectores más dinámicos. Uno de los principales factores de desigualdad en la región y como uno de los principales obstáculos la distribución del ingreso, agravado por el hecho de que ha comprometido de manera creciente no solo a los sectores probres sino también a los sectores medios (especialmente a los jóvenes).
El desempleo, la informalidad y la precarización del empleo formal, junto a las políticas públicas seguidas de las últimas décadas, han profundizado las desigualdades en la provisión de servicios básicos como salud o seguridad social, al debilitarse las fuentes de financiamiento de estos sistemas.
Igualmente importante y preocupante es la calidad de la educación a la que tienen acceso los jóvenes de los distintos estratos sociales y la creciente brecha en la calidad educativa si se comparan las escuelas públicas con las privadas.
Debemos apostar a una estrategia de desarrollo que combine el crecimiento económico con el desarrollo social y la sostenibilidad ambiental; un modelo que articule la acción del mercado, el Estado y la sociedad civil.
Necesitamos de una política social que invierta en las personas, amplíe sus capacidades y cierre las brechas importantes existentes en el acceso a las oportunidades, el conocimiento y la información. Política social basada en el reconocimiento de derechos y responsabilidades. Política social diseñada no para excluir a la clase media sino para incluir a los pobres en el acceso a los servicios de calidad de que goza el resto de la población. Política social que no se conforme con ofrecerles a los pobres paquetes básicos o mínimos que sin duda los ayuda, pero que los sigue manteniendo en la marginalidad. Desarrollo de las potencialidades humanas y a una cultura de derechos y de respeto.

Requerimos de instituciones permanentes, con visión de largo plazo y basados en una activa participación ciudadana. Esta institucionalidad requiere de la acción conjunta del mercado, el Estado y la sociedad civil. El mercado debe proveer los bienes de la manera más eficiente y al menor costo, y la sociedad civil debe proyectarse no solo como una ejecutadora de proyectos, sino como la principal responsable de ejercer el control ciudadano sobre el gobierno y el diálogo con el gobierno y el sector privado, y de proveer una visión de largo plazo como elemento indispensable de todo proyecto de sociedad. Esta función difícilmente podrán cumplir los gobiernos cuya vida está sujeta a procesos electorales continuos en un marco democrático al cambio.
Los gobiernos tienden a pagar costos políticos muy altos en el corto plazo, para impulsar reformas cuyos beneficios solo se ven en el largo plazo. Le corresponde a la sociedad civil, un ejercicio esencial de una ciudadanía activa, promover un sentido de más largo plazo y establecer prioridades que trasciendan los ciclos electorales a los que están sometidos la democracia.
REBECA GRYNSPAN




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